01 noviembre, 2011

Metrofobia

Soy ese niño que
se aburre en
alguna butaca olvidada.
«Si te portás mal,
te llevo a escuchar
poesía», amenazaban mis padres.

Festival Rosarino de Poesía
Poesía en los bares
Domingos de Poesía
Tertulias poéticas
Poetas bajo la luna
Poetas desde el barro
Poetas
estériles
se la miden en
el infinito
salón de actos de
alguna Facultad.

Fui ese niño que
miraba el reloj
estirado entre las sillas
tratando de soñar
o simplemente dormir.

Aún hoy
cuando escucho hablar
de Poesía
un escalofrío
recorre
mi espalda.

4 Comentarios:

Anónimo dijo...

Hay castigos que premian la falta.
¿hablar de poesía?
Respirar poesía.

Nicolás Aimetti dijo...

Ambos nos prefiguran: castigos y recompensas, y es verdad que no siempre estos funcionan de la forma esperada. A veces un castigo nos empuja con más fuerza a definirnos y hacer prevalecer nuestra voluntad ante las contingencias.
El texto no es autobiográfico, sino una elucubración surgida de encontrarme más de una vez con niños durmiéndose en medio de ciclos de poesía. Aunque reconozco que no han sido tantas las veces, y que alguna vez he sido yo el que se dormía.
Gracias por comentar!

Anónimo dijo...

Hypnos y Orfeo creo que se llevan. Y si el pobre chico se aburre tanto como dios cuando creó al hombre -según Kierkegaard- ¡las cosas que puede llegar a hacer cuando despierte!

Nicolás Aimetti dijo...

Muy buena acotación!