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08 agosto, 2011

El Resto

“Un arte cuya forma exige no ser descubierta”
-R. Piglia, Prisión Perpetua.

No nos perdamos en detalles, amor, vayamos al grano.

Nicolás me dijo que desde hace meses solo piensa en una historia. Que por más que trata, esa historia está ahí, clavada en la piel, alfileres atravesándole los párpados, sangre recorriendo las mejillas y volviendo a su boca. Un círculo perfecto puede ser también una cárcel perfecta.

No nos apresuremos. Puedes bajar la montaña corriendo y llegar al valle en un abrir y cerrar de ojos; pero si bajas despacio, puedes cogerte a todas las cabras en el camino.

Melina había sido criada en el campo, abandonada por su padre. No en vano soy profesora de lengua, me dijo, sacándose la pija de la boca y mirándome a los ojos. Una sonrisa deliciosa.

07 diciembre, 2010

Premio Oblogo y Tres Cuentos de Fusilados

Gracias a un afortunado desliz del destino, que quiso que uno de mis cuentos (Final Abierto) obtenga el favor del jurado en el premio Oblogo - Banco Hipotecario, tengo el honor de poder compartir con ustedes esta grata noticia.
Quiero aprovechar la ocasión para agradecer a todos los que siguen el blog y continuamente me alientan y acompañan en este camino. Y por supuesto, muchas gracias también al jurado y la gente de Oblogo, que llevan adelante un proyecto sumamente admirable.
Bueno, como para que no sea todo puro pavonearse y agradecimientos, a continuación van tres cuentitos que tenía anotados medio al margen de un cuento que estaba escribiendo (que ya terminaré).

Tres cuentos de fusilados
Era el mejor soldado, pero había cometido un terrible desacato. Sus compañeros, debían fusilarlo esa misma tarde. Era una injusticia, lo sabían todos, pero el general tenía su carácter. Acordaron que ellos también se rebelarían; cada vez que les ordenasen fuego, errarían el disparo a discreción.
Llegada la hora de la ejecución, a la primer orden, todos dieron en el blanco.
***

Un preso a punto de ser fusilado le pregunta al otro:
¿A qué no sabés que le dijo un fusilado a otro?”.
No. ¿Qué le dijo?
Entonce el general dio la orden de fuego y se terminó el chiste.
***

Tres condenados marchan al paredón. Uno es un ladrón decidido y el otro uno arrepentido; el tercero, quien dice ser el salvador, refiere al segundo que su arrepentimiento habrá de salvarlo. Dispuestos los tres, el general da la orden de fuego que derriba al salvador y al ladrón decidido. El ladrón arrepentido busca en vano la herida en su cuerpo y sonríe mirando al cielo. En eso disparan la segunda descarga y muere pensando que se salvaba.

26 octubre, 2010

Las mujeres no me leen

Las mujeres no me leen. Ojo, no digo que no me lean a mí, porque a mí sí me leen, de hecho, soy bastante predecible en algunas cosas, y con el tiempo me van adivinando fácilmente. Tampoco hablaba de mis cuentos. Realmente no podría decir que las mujeres me leen menos que los hombres y, así no leyeran mis cuentos, que por otra parte casi nadie lee, no sería eso de lo quiero hablar.
De lo que quiero hablar, o mejor dicho escribir, es de que las mujeres no me leen. Aunque dicho así es confuso. Mejor sería decir que “mis mujeres no me leen”. Y digo mis mujeres para referirme a las mujeres que están conmigo, aunque en realidad no sean mías. De hecho, no se me ocurre que una mujer pueda ser de nadie, salvo de sí misma. Claro que, si tuviera una hija (yo, no la mujer que es de sí misma), entonces sí diría que es mía. Porque yo la hice. Pero eso al principio, hasta que ella empiece a hacerse sola. Y ni idea cuando uno empieza a hacerse uno, pero en algún momento será, de eso no me caben dudas. Por tanto si tuviera una hija, ahí sí, sólo ahí, diría que es mía. Y también de su madre, claro; aunque no por eso menos mía. Y posiblemente su madre sería una de esas que no me leen, de las que yo digo que son mis mujeres, pero en realidad nos son mías.

16 septiembre, 2010

Colaboraciones: Gato Blanco y Telita

Primero: salió la revista Gato Blanco, publicación trimestral de arte, literatura y cultura general. En la misma pueden encontrar textos de Mara Pérez, Gisele Amaya Dal Bó y (no todo es color de rosa) también algo mio. Por ahora, los porteños pueden conseguirla en:
* Librería Biblos, Puán 378
* Gambito de Alfil, Jose Bonifacio 1402 (esq. Puán)
* O pedirla por email a revistagatoblanco@gmail.com y te la hacen llegar.

Segundo: La semana pasada se publicó una colaboración mía (siempre yo,  yo, cuanto ego, che...) en el blog de MariaCe. Pueden ir a leerla siguiendo el link: http://mariadecerca.blogspot.com/2010/09/telita-v-nico-aimetti.html

Borges junto a Beppo, su gato blanco.

31 agosto, 2010

Mientras No Oscurezca

¿Qué hiciste anoche? ¿Y dónde era la fiesta? ¿Cuantas habitaciones tenía la casa? ¿Qué tan antiguos los muebles? ¿Cuanta gente había? ¿Minas? ¿Cuantas en total? ¿Cómo estaban vestidas? ¿Preferís las botas con jean o zapatos y vestido? ¿Y el resto de la gente? ¿Vos a quién conocías? ¿Quién te invitó entonces? ¿Y nadie se dio cuenta? ¿Ya habían comido? ¿Y por qué había sobrado tanta comida? ¿Vos también tomaste? ¿Cuantas veces? ¿Y de qué hablaban? ¿Y vos que habías visto de Haneke? ¿Y los otros? ¿Y qué tiene que ver eso con el peronismo? ¿Cuantos estaban a favor? ¿De qué hablaba la morocha? ¿Que tan pronunciada la nariz? ¿Y vos las preferís así o chatas? ¿Estabas con tu novia, por qué no me dijiste antes? ¿Y ella que hacía? ¿Y desde cuando le interesa Flaubert? ¿También tomó? ¿Era su primera vez? ¿Y de dónde lo conocía? ¿Qué tipo de persona era? ¿Y quién puso la música? ¿Un disco o iban cambiando? ¿Y cómo bailaban? ¿Y vos mientras tanto? ¿Con quién? ¿Qué tan grandes? ¿Y de culo? ¿Qué edad tenían las que llegaron? ¿Bailaban entre ellas o también alternaban con otros? ¿Y vos desde cuando bailas eso? ¿Y tu novia? ¿Y a vos no te importaba? ¿Qué champagne? ¿Y de dónde sacaste las cerezas? ¿Quedaba rico o lo preferís solo? ¿Y qué hora era? ¿Quienes se habían ido ya? ¿Te la veías venir o no tenías idea de como era la cosa? ¿Y hacía calor o era una excusa? ¿Tanga o culotte? ¿Y quienes estaban con tu novia? ¿Quién fue el primero? ¿Y se miraban? ¿Qué era lo que más te excitaba? ¿Recién ahí te diste cuenta que estaban hechas las de la morocha? ¿Y quién la tenía más grande? ¿Qué tanto? ¿Cuanto duró? ¿De que era la torta? ¿Muy cansados quedaron? ¿Y se quedaron ahí o se fueron? ¿En taxi o caminando? ¿Me vas a responder alguna de las preguntas, o me vas a dejar preguntando sólo como un idiota?

25 enero, 2010

Allá a lo lejos, aquí tan cerca

Con sus vericuetos aristas esquinas sótanos y azoteas mirando al sol hasta volverse penumbra diáfana en la bruma de la noche de tanto buscar gozando hasta el devenir de la aurora que se resiste retorciéndose en el horizonte como una serpiente que vomita páprika y pimienta en el cielo y se da contra el suelo y se pierde en un caleidoscopio de polvo y fuego mientras sueñan con volver a encumbrarse en la cima del miedo y la dulzura en el cálido aliento que arroja la manía en su boca de dragón y misterio.
***
Bueno, aparte de eso, quería aprovechar para comentarles que hoy, Lunes 25 de Enero, estoy cumpliendo 30 añitos, así que se aceptan saludos (y regalos también ya que estamos :P). En otro orden de cosas, les comento que junto con Laura Luz hicimos un relato que está publicado en el blog de MariaC. Así que si gustan, pasen y lean: Un tal Esteban

24 septiembre, 2009

Preguntas Frecuentes

En el tiempo que va desde que abrí el blog hasta aquí han pasado muchas cosas que han ido modificando la cotidianidad de mi vida y, aunque mucho me pese reconocerlo, y mucho he hecho para evitarlo, la llegada de la fama es uno de los hechos que más ha marcado mi devenir en los últimos meses. Es así que a diario, intersectándome rumbo al trabajo, reconociéndome en bares, o incluso, en reuniones familiares, la gente, mis admiradores, se acerca con diversos motivos. Algunas veces, muy de vez en cuando en realidad, es para felicitarme (ya que me saben esquivo de las vanidades). Otras, para sugerirme algún tema que les gustaría que toque en el blog. Pero sobre todo, la mayoría de las veces, mis lectores se acercan en busca de respuestas, apelando a mi sutil y sagaz intelecto.

Con el fin de ahorrarles tiempo, y también de poder llegar a todos aquellos que me leen desde los más recónditos rincones del planeta (y no tienen posibilidad de encontrarme en la calle, ya que al igual que Socrates soy reacio a viajar), he decido publicar un compendio con las respuestas a las preguntas más frecuentes con las cuales suelen interpelarme mis lectores.

¿Qué hora es?

Pregunta de aparente inocencia, pero si nos fijamos bien, en su casual y distraído enunciado se esconde el inabarcable misterio del tiempo -silenciosa marea oceánica que envuelve y arrastra nuestra existencia-.

Desde los más pueriles intentos de pensamiento, pasando por Heráclito, Platón, San Agustín, Kant, Leibniz y Newton, y llegando hasta Einstein y la relatividad, sin mencionar la cuántica, dar una respuesta acertada a esta pregunta no es tarea fácil, y siempre que uno lo intente habrá lugar para debates. Pero sin ir tan lejos, simples cuestiones como los distintos husos horarios ya de por sí dificultan la tarea. Por ejemplo: ¿Ante un admirador español, que por casualidad recorre las calles de Rosario, debo responder la hora en Rosario o la de España (y acá habría que ver si el tipo no es de las canarias, lo cual complicaría aun más la cosa). Es más, en el siglo XVIII los jesuitas utilizaban como referencia el meridiano de Salamanca, mientras que la armada española utilizaba el de Cádiz, recién en 1884 se logró unificar el meridiano en Greenwich, el cual sirve para definir los husos horarios actuales. ¿Ahora bien, si el que pregunta se tratase de un acólito de la Compañía de Jesús del siglo dieciocho, entonces, qué debería responder? Sí, ya sé que esto no es lo más habitual, pero uno debe tratar de cubrir todos los frentes. Sin dudas, estas consideraciones, y acaso también otras que aquí no mencionamos, atormentan a mis desesperados admiradores -esto es fácil de adivinar en su actitud impaciente y nerviosa- mientras esperan una respuesta. Así es que yo, ser de altas cualidades contemplativas, pero sin descuidar jamás el lado pragmático de las cuestiones, respondo: son las lahorahs

¿Cómo llego a Pellegrini y Dorrego?

Casi siempre se acercan tímidos: ¿Disculpe, puedo hacerle una pregunta? Claro, respondo, me debo a mi público. Entonces ahí, sin poder disimular la desesperación de sentirse perdidos, me tiran el bardo. Debo reconocer que está inquietud desenfrenada por la historia es de lo más común entre aquellos lectores que me encuentro vagando por las calles. Claro que no siempre es exactamente la misma pregunta: a veces es Pellegrini y Roca, otras Pellegrini y Mitre, aunque tampoco es raro que sea simplemente Pellegrini, o por que no Rosas. Pero aunque el prócer vaya variando de lector en lector, siempre queda como invariante ese apremió por acercarse, por conocer, la vida de aquellos que otrora fueron los protagonistas de la historia argentina, ante lo cual rápidamente intuyo su desesperación y su extravió.

Antes que nada debo advertirles que su búsqueda está condenada al fracaso. Ya de por si, tratar de llegar a las personas que conviven con nosotros día a día, que se han criado a nuestro lado, que ríen y sufren con las mismas cosas que nos hacen reír y llorar, no es tarea tarea fácil. Ahora, cuando a quién tratamos de alcanzar, de comprender, de vislumbrar tan siquiera, es un hombre de historia, un artífice de nuestro presente, un mojón en el camino por el cual nunca volveremos a pasar, la cosa se torna imposible. Es que acaso esos hombres, además de cultivar la codicia y detentar el poder, se atrevieron a soñar un futuro, un desenlace para esa historia de la formaron parte, y por tanto, es que sin lugar a dudas nos pensaron a nosotros, en tanto futuro, no ya como somos, sino como nos hubiesen deseado. Por ende, para poder llegar a ellos, forzosamente debemos llegar a también a nosotros, pero no nosotros tan cual somos, sino tal cual nos habrían pensado, para lo cual deberíamos olvidarnos de nosotros tal cual somos, pero si nos olvidamos de nosotros tal cual somos, entonces quién pensaría a aquel que nos estaba pensando. Siempre que uno emprende tales búsquedas, a menos que sea capaz de detectar esta paradoja, termina perdido y desesperado, vagando por las calles. Es por eso que cuando me encuentro con alguno de mis lectores en dicho estado, les recomiendo que doblen a la derecha un par de cuadras, que luego giren a izquierda otras tantas, y que si allí no encontraron lo que estaban buscando, vuelvan a preguntar.

¿Dónde queda el monumento?

¡Ajá! Qué pregunta ésta, señores y señoras. Tengan el agrado de apreciar la trampa y la sutileza que encierra este enunciado. ¿Dónde queda el monumento? El incauto, el distraído, no tardaría dos segundos en caer en el engaño; en asumir que se nos está interrogando acerca del monumento a la bandera -visita obligada para todos aquellos que vienen a conocer Rosario-. Pero no, señor. ¡Yo conozco a mis lectores! ¿Puede ser acaso un vano y caprichoso amontonamientos de piedras un monumento para ellos? De ninguna manera. La pregunta, así como fue enunciada, está destinada a calar en lo más profundo de nuestra alma ¿Dónde está el monumento? Y fíjense que que por decir monumento así, sin referirse a ninguno en particular, debemos asumir que se refiere al monumento a la quintaesencia de la cosa: el ser. Y eso, digo sin amedrentarme, es una pregunta digna para quien les habla.

Entonces es que asumo la tarea que se me ha encomendado, apoyo mi mano sobre el hombro de mi interlocutor, concentro todo el poder de mi mirada en lo más oscuro de sus almas y, con tono apodíctico y seguro, respondo abriendo las puertas metafísicas de su búsqueda con las siguientes palabras: ¿Dónde queda el monumento?

¿Te podés mover, pelotudo?

Con varios de mis fans, aunque a algunos nunca les haya visto la cara, debido al intercambio de comentarios en la web, nos une lo que se podría llamar amistad. La confianza que tenemos nos permite granjear ya las desgastantes formalidades de la etiqueta y dirigirnos el uno al otro de forma más descontracturada, haciendo uso de la chanza y la chabacanería.

Esta pregunta es un claro ejemplo de ello, ya que los argentinos de por sí, y aunque suene extraño, solemos tildarnos de “boludos”, “tarados”, “hijos de puta”, o, por qué no, “pelotudos”, sólo con el fin de expresar afecto. Así es como yo lo entiendo, y no me molesta en absoluto utilizar estos códigos, siempre y cuando sepa cabalmente que esto responde a la afición que los lectores sienten hacia mi persona.

Generalmente esta pregunta es más bien retorica, y no vale la pena una respuesta en sí para la misma, sino que más bien trato de devolver algo del cariño que recibo de mis fans, que usualmente suelen estar circulando en su automovil (por lo cual nos es vedado la palmada o el abrazo), y le grito desde la calle algo así como: Por qué no te vas a la reputa madre que te los re mil pario, conchudo del orto. De más está decir que, cuantos más insultos contenga la frase, mayor es el grado de apego que nos une.

¿Tenés cambio?

No, no tengo. Soy así, que se le va a hacer.

09 junio, 2009

Sin nombre

Pasa que no siempre, que digo siempre, más bien casi nunca, se termina de comprender. El noventa por ciento de las veces el fracaso está asegurado y, así y todo, dale que te dale. Tiempo parece que sobrara. Sin embargo, y esto no lo digo sólo yo: no, no sobra. Tu insistencia no deja de sorprenderme. Presencia que se torna perpetua como la sombra de un elefante. Sin lugar a dudas nunca vas a perder del todo la inocencia; la maravilla y el misterio te viven a flor de piel. Tu vida, así como estás, entre tanta nadería, parece más soñada que vivida. Voz de pavo real, o de jirafa bochinchera, debe de tener tu musa. Sin que nadie lo note hace rato que venís con esto. Tu sonrisa a mi no me alcanza. Mirada con gusto a limón y noche tienen esos ojos que se me escapan. Que cosa, pensar todavía esto no se termina. Aún hay cosas que tienen vida más allá de nosotros. Se tendría que apagar la plata de todas las bogas que nadan el paraná para que esto se termine. Extraña la forma de tu cuerpo esta perseverancia que aun no tiene nombre.