¿Qué
hiciste anoche? ¿Y dónde era la fiesta? ¿Cuantas habitaciones
tenía la casa? ¿Qué tan antiguos los muebles? ¿Cuanta gente
había? ¿Minas? ¿Cuantas en total? ¿Cómo estaban vestidas?
¿Preferís las botas con jean o zapatos y vestido? ¿Y el resto de
la gente? ¿Vos a quién conocías? ¿Quién te invitó entonces? ¿Y
nadie se dio cuenta? ¿Ya habían comido? ¿Y por qué había sobrado
tanta comida? ¿Vos también tomaste? ¿Cuantas veces? ¿Y de qué
hablaban? ¿Y vos que habías visto de Haneke? ¿Y los otros? ¿Y qué
tiene que ver eso con el peronismo? ¿Cuantos estaban a favor? ¿De
qué hablaba la morocha? ¿Que tan pronunciada la nariz? ¿Y vos las
preferís así o chatas? ¿Estabas con tu novia, por qué no me
dijiste antes? ¿Y ella que hacía? ¿Y desde cuando le interesa
Flaubert? ¿También tomó? ¿Era su primera vez? ¿Y de dónde lo
conocía? ¿Qué tipo de persona era? ¿Y quién puso la música? ¿Un
disco o iban cambiando? ¿Y cómo bailaban? ¿Y vos mientras tanto?
¿Con quién? ¿Qué tan grandes? ¿Y de culo? ¿Qué edad tenían
las que llegaron? ¿Bailaban entre ellas o también alternaban con
otros? ¿Y vos desde cuando bailas eso? ¿Y tu novia? ¿Y a vos no te
importaba? ¿Qué champagne? ¿Y de dónde sacaste las cerezas?
¿Quedaba rico o lo preferís solo? ¿Y qué hora era? ¿Quienes se
habían ido ya? ¿Te la veías venir o no tenías idea de como era la
cosa? ¿Y hacía calor o era una excusa? ¿Tanga o culotte? ¿Y
quienes estaban con tu novia? ¿Quién fue el primero? ¿Y se
miraban? ¿Qué era lo que más te excitaba? ¿Recién ahí te diste
cuenta que estaban hechas las de la morocha? ¿Y quién la tenía más
grande? ¿Qué tanto? ¿Cuanto duró? ¿De que era la torta? ¿Muy
cansados quedaron? ¿Y se quedaron ahí o se fueron? ¿En taxi o
caminando? ¿Me vas a responder alguna de las preguntas, o me vas a
dejar preguntando sólo como un idiota?
31 agosto, 2010
18 agosto, 2010
El Petiso Orejudo
Petiso,
asesino y orejudo. Qué madre, qué padre,
no querría tener un hijo así. Por si fuera poco: Imbécil, Malvado,
Animal, Idiota Afectivo y Degenerado son algunos de los epítetos
utilizados en los informes médicos para referirse a Cayetano Santos
Godino, un tipo peligroso, coinciden todos, y hasta yo estoy de
acuerdo con eso.
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Aguafuerte
11 junio, 2010
El Escudo de Atenea
Les
voy a cantar la posta, la verdadera historia de como Perseo venció a
Medusa.
Los
detalles clásicos son moneda corriente, así que abreviaremos
situando al joven héroe en la entrada del escondite, el antiguo
templo de Atenea, donde la joven sacerdotisa fue presa de la lujuria
del mar y pervertida en demonio.
(mira
sus cuerpos de mármol asustado, sus rostros cegados en la eternidad,
la rabia quieta, sus pechos inertes, inermes, inescrutables de
glorias apagadas en una furia primitiva, horadados por vetas de
cruento rubí)
Una
serpiente puede percibir a un mamífero, por el calor que desprende,
incluso a metros de distancia; con sólo extender su lengua adivinará
nuestros rastros a través del tiempo. Y Medusa era mucho más que
una serpiente. ¿De qué podría servirle entonces el dichoso casco
que lo haría invisible? Bien en el culo se lo podía meter; no era a
esos ojos a los que había que engañar.
(mil
pedazos de luna, afiladas, frías y olvidadas, las armas descansan
soñando muerte, un trozo de carne en que saciar su sed)
Y
la espada... ¿de qué les sirvió a los que precedieron a Perseo? De
nada. Ahí estaban aun, esperando, desparramadas por el piso o
quietas en sus rígidos brazos.
Y,
puesto que Perseo fue capaz de robar el único ojo a las tres
hermanas, cabe suponer que no era ningún boludo. Se necesita astucia
para enfrentar a unas señoras que nacieron ancianas y tejían
intrigas antes de que se elevara el Olimpo. Estoy hablando de una
astucia arrabalera; un tanto divina.
[Pasos:
tierra, cielo, tierra, cielo, tierra y cielo. Aquí es siempre
tierra, tierra y más tierra. El vientre contra el suelo, frío como
la carne de los muertos, como espejos cargados de espanto.
Ojalá
que este sea bueno, ojalá dure algo antes de morir.]
Sabía
de un único escudo para el horror, pero tampoco había que llegar al
extremo de Edipo. Con cerrar los ojos bastaba. Cerrar los ojos y
confiar. Creer o reventar. Era la manera más fácil, más simple de
entregarse. La forma de ganar su confianza.
(me
desnudo de todo menos de mi, visto conmigo y mi carne y mi sangre y
mi semen y los cientos de demonios que vagan por mi piel, que se
retuercen invisibles y me abrazan. camino como una virgen al
sacrificio, que acepta ser devorada por la divinidad, ser parte de
ella)
[Sus
músculos se tensan y aflojan, y vuelven a tensarse y distenderse, y
a cada paso lo creo tropezar, pero es ágil como un gato, un pie tras
el otro, el pene meciéndose entre sus piernas, avanza a oscuras, y
se acerca mientras las sombras le queman la piel.]
Y
hay que tener huevos. Y también estómago, pero sobre todo huevos.
Era un tipo pintón, de eso no hay dudas. Un efebo en aquel entonces.
Y te imaginás que Medusa no sabía para donde disparar, qué carajo
hacer. ¿Era un mensajero, una ofrenda, un loco? Posiblemente, un
poco de todo. Ella lo seguía atenta. Una duda, la más mínima
alteración en su respiración, una sola feromona equivoca en el
ambiente, y se iría directo al Hades, por decirlo de una forma
correcta. Había que estar loco; pero la locura del hombre no es más
que la cordura del cielo, y Perseo casi que era un dios.
[Le
digo que se detenga. Su cara hace una mueca extraña. Me acerco y
lentamente voy recordando. No es una mueca. Es una sonrisa. Cuando me
doy cuenta una llama... no, un escalofrío, me recorre el cuerpo. Se
queda quieto. Una hora quieto y en silencio. Quizás más. Lo observo
respirar. Me acerco sigilosa y, con la punta de una flecha, trazo una
breve marca en su pecho. Recoge la sangre en su mano y la lleva a su
boca. Entonces dice: “Ahora me toca a mi”. Y camina ciego hacía
cualquier parte, sabiendo que ahí me va a encontrar, y me
encuentra.]
])
un brazo, un puente, unos pechos redondos y blancos (aunque solo
pueda imaginar su blancura), finos como arena, que también son la
tierra donde depositar mi cuerpo de naufrago, donde beber, recuperar
las fuerzas, y más arriba su hombro. clavo mis dientes, grita, se
abraza, se enrosca como si quisiera devorarme, y le digo que que ya
estamos a mano. Una serpiente le muerde la frente. Son para asustar,
apenas duelen. Él entierra sus dedos en mis cabellos, su aliento en
mi boca. Al primer halago lo habría matado, pero calla. Y ahora ya
no importa, puede decir lo que sea, pero sigue en silencio, apena si
abre la boca y me muerde la lengua con sus colmillos, diez cuchillos
rasgan mi espalda dulcemente. puedo hacerle sentir toda mi fuerza,
pero dejo que su cuerpo húmedo resbale, la tomo de nuevo de sus
cabellos, sus serpientes, que la llevan de mi boca a la cintura,
donde siento su respiración agitarse, un áspid erguido y reflejado
cien veces, cuando hacía tanto que no veía uno así, en todo su
esplendor, y eso y empezar a frotarla por su cuerpo, y envolverla en
la bífida punta de su lengua y sentir como un mar sus sabores,
similares a los que él encuentra cada vez que su cola se enreda en
sus labios, en su lengua, que perdida entre escamas la penetra, y
desearía poder mirarle los ojos, quizás verdes como los míos, pero
me contento con besarle los párpados, recorrer su rostro con mis
lenguas y dejar que se hunda en mis pechos, y ahí, si quiere, que
abra los ojos, que mire todo lo que quiera, y y que diga son las
mejores tetas que he probado, su culo retorciéndose entre mis manos,
firme y esquivo, y si no se la pongo creo que muero, pero ya sola va
entrando, casi no hace falta acomodarla, es raro, más frío,
caliente, y cada vez que entra es como si la sangre hirviera,
desapareciera todo; y ella mientras tanto lo acaricia, lo recorre con
su cola, por su espalda, por sus piernas, va acomodando la punta
entre sus nalgas, y él se deja, y así siguen hasta quedar sin
fuerzas, uno tendido junto al otro, en cucharita, él abrazándola
por detrás ([
Entonces,
ella lo acepta casi resignada, él comienza a asfixiarla haciendo una
llave alrededor de su cuello. Se retuerce, su cola golpea contra el
piso, trata de gritar; él tensa cada vez más sus brazos, deseando
que termine rápido. Hasta que en un momento, nunca sabremos que fue
primero, ella se queda sin aire, su cuello se quiebra. Lo que pasó
luego, es historia conocida.
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Cuentos
08 junio, 2010
La Literatura y la Magia
La literatura es como la magia.
Cuando uno escribe y logra sorprender, conmover, emocionar al otro, está haciendo una especie de truco. La persona que lee siente algo, pero no siempre puede explicarlo. Si el escritor comete el error de revelar el secreto (“lo que pasa es que hago esto, estaba hablando de aquello”), la ilusión se rompe, el truco queda expuesto y el lector dice “claro, era tan simple, se estaba refiriendo a eso que me había pasado y no me daba cuenta”, o algo así. Otras veces, el lector solo es el que descubre el secreto; eso lo alegra, lo llena de orgullo. Pero otras, las menos, uno escribe algo que lo llena de asombro, lo deja pasmado, y ni siquiera uno puede explicarlo. Eso es la magia.
Cuando uno escribe y logra sorprender, conmover, emocionar al otro, está haciendo una especie de truco. La persona que lee siente algo, pero no siempre puede explicarlo. Si el escritor comete el error de revelar el secreto (“lo que pasa es que hago esto, estaba hablando de aquello”), la ilusión se rompe, el truco queda expuesto y el lector dice “claro, era tan simple, se estaba refiriendo a eso que me había pasado y no me daba cuenta”, o algo así. Otras veces, el lector solo es el que descubre el secreto; eso lo alegra, lo llena de orgullo. Pero otras, las menos, uno escribe algo que lo llena de asombro, lo deja pasmado, y ni siquiera uno puede explicarlo. Eso es la magia.
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Cosas
28 mayo, 2010
El Azar y la Fe
Dios
nos vive poniendo a prueba y, desde que elegí caminar a su lado,
nunca me ha fallado, ni yo a Él.
Mi
padre siempre decía que si no fuese por el hábito, yo no sería más
que un sinvergüenza. Sin embargo, no puedo aceptar de buena gana tal
aseveración. En la congregación que dirijo nadie duda de mi
sinceridad. ¿Quién quiere en el púlpito a uno de esos charlatanes
que hablan del fuego y nunca se quemaron? Todos saben que mis
consejos, mis sermones, provienen de Dios, pero también de la
experiencia.
Nadie
ignora el hecho de que me gusta el juego, ni yo lo ando ocultando.
Además, si tengo inclinación natural al mismo, es porque Dios así
lo quiso, y como explicó San Pablo a los Corintios, es el deber de
todo hombre seguir su vocación. Antes he de sufrir mil penurias que
ir en contra de la voluntad Divina. Y sépanlo: cada mañana, al
abandonar derrotado la mesa de los naipes para ir a dar misa, al
doblar la esquina, Dios me espera para darme ánimos; para recordarme
que mi esforzado ejemplo debe de servir de admonición a los
creyentes. Sólo el temor a pecar de vanidad me impide pensar en el
sacrificio que realizo día a día por el bien de los demás. Y sé
bien que Dios así lo quiere.
Yo
nunca especulo con las cartas. Nunca miento ni trato de correr a
nadie. Mi juego siempre es el mismo, manso, tranquilo, a la espera de
esa bendita carta, ese as en la última mano que haga torcer la
partida y nunca, pero nunca, sale. Y tanta mala suerte no puede ser
casualidad, hermanos. El que esa dichosa carta nunca salga sólo
puede obedecer a un designio divino. Dios me quiere desafortunado en
el juego, pero asaz en santidad. Si no, aunque sea una vez, tan
siquiera una vez, me dejaría ganar. No puede ser de otra manera.
Amén.
01 mayo, 2010
Bice
Una tarde
cualquiera
escupió en su
rostro.
Unos años
después
moría
ignorando
su destino
de seglar
eternidad.
Fue más que el
deseo,
y también
insignificante
Como muchos,
Como todos
No eligió su destino
Pero decidió
el de otros.
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Verso
26 abril, 2010
El dos puntos pe
Sin lugar a
dudas nos encontramos frente a uno de los signos más ricos y
enigmáticos surgidos a raíz de las nuevas tecnologías. Su mera
contemplación nos llena de extrañeza, felicidad, terror, furia,
complacencia, sarcasmo, nauseas y mareos. O al menos un subconjunto,
a veces vacío, de dichas emociones. Es que su naturaleza indómita y
pretenciosa no se contenta con la mera enunciación de una idea, y a
veces incluso sospechamos que desea abarcar todo el lenguaje.
La historia
de los emoticons, desde su invención en 1857, pasando por la revista
puck hasta las novelas de
ciencia ficción del 40, es por todos harto conocida. Pero no
es hasta la llegada de Internet que estos, aunque más bien debería
decir éste, cobran real preponderancia en el lenguaje de otakus,
floggers, emos, compadritos y orilleros. Todos nos hemos enfrentado a
estos (los emoticons, aunque también a los emos) más de una vez, y
todos hemos sido derrotados varias veces por el mismo, el inefable
dos puntos pe.
Su
significante es harto conciso: el signo “dos puntos” seguido de
una letra “pe”, preferentemente mayúscula, o sea, :P. Su
significado, en cambio, es un oscuro pozo en el que se ahogan los
anhelos de compresión y entendimiento de todos aquellos que se topan
con el mismo. Idealmente, y despojado de todo trasfondo, el signo se
interpreta como un rostro mostrando la lengua. Los dos puntos
representas los ojos; la letra pe una boca en la cual sobresale la
lengua al costado. Pero detengámonos en un detalle: si observamos el
trazo de sus labios, notaremos que esta boca no sonríe ni demuestra
amargura, y éste es uno de los puntos que más empañan su
interpretación.
Habiendo
establecido y estudiado sus rasgos superficiales, echemos un vistazo
al signo en acción. Mi primer encuentro con el dos puntos pe
fue al comenzar mi relación con Amelia. Yo entonces trataba
de seducirla insinuándome con frases poco pudorosas a través del
chat, cuando apareció ante mi ese rostro incitándome, su lengua que
asomada entre los labios, golosa, acariciándolos cómplice.
El dos
puntos pe confirmaba su excitación. Mi táctica está dando
resultado, me dije, pero como no quería propasarme en el primer
encuentro, opte por introducir un chiste con el cual templar el
ambiente. Grande fue mi sorpresa al ver nuevamente esa lengua. En un
principio pensé que quería seguir con el cachondeo, pero luego, al
aguzar la vista, distinguí que tan sólo era un gesto inocente, que
esa pe tan sólo escondía una sutil y juguetona replica a mi broma,
símil al gesto del niño que enseña la lengua.
Con el
tiempo nos fuimos conociendo y hasta nos enamoramos un poco y, cuando
sentí que había llegado el momento, decidí abrir mi corazón y
proponerle que me acompañase en una sesión de masoquismo mellada
con algunas otras prácticas sexuales poco ortodoxas a las cuales era
adepto en aquellas épocas. Lo que nunca hubiese imaginado sucedió:
se había roto el encanto. Amelia, asqueada ante mi propuesta, me
enseñaba un rostro crispado por la repulsión, la legua afuera, como
si estuviese a punto de vomitar. En ese momento sentí que el dos
puntos pe era inequívoco, terminante. Pero también cabía la
posibilidad de que fuera una legua socarrona, que hubiese tomado mi
declaración como una mera chanza, un chiste de los que solíamos
hacernos, después de todo ella tampoco era una monja y siempre
bromeábamos con frases subidas de tono. Sin saber que hacer, y
aprovechando que mi mejor amigo estaba conectado, pedí su consejo.
Me respondió que para él, sin lugar a dudas, esa lengua se estaba
relamiendo los labios en señal de deseo, que siguiera adelante.
Quedé completamente perplejo, desahuciado, no sabía que responder.
Podría
terminar de contar esta historia, pero seguramente ustedes habrán
pasado mil veces por situaciones similares. Prefiero no aburrirlos y
seguir con otros ejemplos de la enorme y desesperante versatilidad de
este signo lingüístico.
Me vienen a
la mente un sinfín de situaciones, aunque no en todas he sido yo el
protagonista. Por ejemplo, el otro día una amiga me contaba que cada
vez que le cuenta su novio como le fue en el día, no tarda mucho en
verlo asomar la lengua en señal de cansancio y hastío, como
pidiéndole que se calle. Ésto no es nada raro, sé de mucha gente
que al conectarse por las noches, luego de un arduo día de trabajo,
al ser interpelada acerca de cómo anda responde siempre con el
simpático dos puntos pe para indicar que está muerta de
cansancio. O cachonda, o asqueada, todo depende del día, claro.
Una de las
historias que más me llamó la atención fue la que me refirió un
taximetrista durante un viaje desde el Monumento a la Florida.
Resulta que el tipo andaba de trampa con una mujer que había
conocido en el taxi. Una mina de guita, que parece se le había
enamorado. La mina se había casado por interés, y él le decía que
lo deje al marido, que se vaya a vivir con él, pero ella no se
animaba. Entonces un día estaban meta chatear y chatear que consigue
convencerla, y ahí mismo la mujer se pará y le cuenta todo al
esposo. Le dice que lo va a dejar. ¿Y entonces que pasó? Él le
preguntaba pero la mina del otro lado nada. Ni una palabra. Y medio
que se empezó a preocupar, y ya casi que estaba por llamarla por
teléfono, cuando vio el siguiente mensaje: “mi marido... :P”. Y
claro, no entendía nada. La mina muda, ni una palabra, no atendía
el teléfono. En principió pensó que el tipo se le había cagado de
risa, que se había burlado. Estaba hecho una fiera, lo quería cagar
a trompadas. Al final, después de un par de días, volvió a
comunicarse con su amante. Parece que al enterarse del asunto, el
marido se había ahorcado ahí mismo, después de discutir con ella.
La mina lo había encontrado así, colgando del techo, con la lengua
afuera, y a falta de palabras, sólo había podido apelar al oscuro
signo para describir el cuadro.
Como verán,
el dos punto pe se presta para todo, desde la rebeldía adolescente
hasta las consultas médicas por chat, tan en boga hoy día en las
regiones rurales y los universos virtuales. John Pasche, un precursor
sin lugar a dudas, se habría inspirado en el mismo a la hora de
crear el conocido logo de los Rolling Stones. Es difícil comprender
hasta que punto este signo está inserto en nuestra cultura, y no es
cosa de ahora, ni siquiera de hace un siglo, la cosa viene de mucho
antes.
Al ver en el escudo de Atenea el Gorgoneion (la
cabeza de Medusa, hirsuta de sierpes y con la lengua
afuera), no puedo evitar remitirme al irredento dos punto pe, que en
certera elipsis destila lo más significativo del símbolo,
despojando al rostro de Medusa de todos sus atributos, excepto por
esa inquietante lengua que no deja de recordarnos el terror y la
locura.
El
Gorgoneion fue usado ampliamente en la antigüedad como amuleto para
alejar el mal. El intimidante rostro de la Gorgona, situado a la
entrada de un templo o una casa, advertía al indeseado visitante que
no era bienvenido. Se utilizaba para marcar límites: de acá en más
está prohibido pasar, mejor no te metas. Ese gesto ancestral,
utilizado por Zeus y Alejandro Magno para amedrentar a sus enemigos,
hoy convive entre nosotros y ya nadie le teme, sino más bien todo lo
contrario. Esto, en principio, parecería algo extraño, pero se
explica por la más simple de las razones: no existe nada más
delicioso y tentador que lo prohibido.
05 abril, 2010
Era la noche
Al
principio me pareció extraño, pero al encontrarla
en la cocina y, a
pesar de mi sorpresa, tan en su casa, me tranquilicé. No me
dio
tiempo a que le hiciera muchas preguntas, Vamos, me dijo, que llegas
tardísimo al trabajo, Qué trabajo,
pregunté yo, Ya quisieras no
tener que trabajar, dijo riendo mientras me entregaba el desayuno en
una bolsa de papel madera y me empujaba por las escaleras: Por ahora
sos taxista en Nueva York, así que mejor te
apurás si querés
conservar el empleo.
Al
salir a la calle, aun desorientado, caminé dos cuadras a la
derecha,
una a la izquierda, y allí estaba mi coche. Al terminar el
día
había peleado con casi todos los pasajeros, me
había perdido unas
cinco veces tratando de volver a casa, y estaba completamente
convencido de que me había vuelto loco. Mi esposa me
recibió con
una sopa de almejas y galletas saladas. Yo tenía tanta, pero
tanta
hambre, que decidí olvidar todo por unos minutos y disfrutar
del
banquete. No entiendo, pensé que vivíamos en
Rosario, dije al
terminar, no te resulta raro todo esto, Raro me resulta que
después
de haberte preparado tu comida favorita, y teniendo en cuenta que me
puse el conjunto de encajes que ayer me regalaste, aun no te me has
tirado encima. Entonces pensé que podíamos seguir
hablando luego,
que ahora había cosas más importantes, y que no
había nada más
hermoso que terminar el día a su lado y pasar juntos la
noche.
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