28 febrero, 2011

Andrea

Una noche de verano a Andrea se le ocurrió un juego. Arrancábamos todos las flores que había en las macetas del balcón y, cuando pasaba una pareja por debajo –no cualquiera, una que nos gustase–, dejábamos caer los pétalos al grito de: “¡Viva los novios!”.
Ella vivía enfrente, también en un segundo piso. Aun no habíamos empezado la escuela primaria. El juego no duró mucho. Apenas una o dos veces en mi balcón y alguna otra en el suyo. Cuando mi madre descubrió la causa del mal estado de sus plantas, nunca más volvimos a jugar.
Con el tiempo nos fuimos separando. Si bien en la calle aun jugábamos juntos, en la escuela –ella un año más grande– prácticamente nos ignorábamos. Luego ella de dejó de salir a jugar a la vereda: nunca logró adaptarse a los nuevos chicos que fueron llegando al barrio; yo, en cambio, no tuve problemas. A veces, cuando la veía desde el balcón, la extrañaba. En el patio de la escuela ya ni nos saludábamos, aunque, a decir verdad, en ese tiempo yo casi no pensaba en ella, ni tampoco en la mujeres.
Recién unos años más tarde, cuando estábamos por terminar la primaría, empecé a prestarles atención, en especial a Andrea, para quien ya casi era un desconocido. Un día, desde el balcón, la vi venir de la manó con un chico, un compañero de su curso. Primero sentí algo en el estomago, como un vacío; luego, a medida que se acercaban, cada vez más furia. Sin darme cuenta de lo que hacía, arranqué todas la flores de una azalea y, cuando pasaron por debajo, las dejé caer al grito de: “¡Viva los novios!”.
Al otro día, en el recreo, el chico que estaba con Andrea me buscó. Era un año más grande y, aunque me defendí como pude, terminé con un ojo morado y la nariz rota. Esa tarde vino Andrea a mi casa, a pedirme perdón. Yo, avergonzado y furioso por la paliza que había recibido, le grite que se fuera con su novio, que algún día ya lo iba a agarrar. Pero el chico, al igual que Andrea, terminó ese año la primaría, y ni ella ni yo volvimos a saber más de él.
Al otro año empecé yo también la secundaría, pero ya no íbamos al mismo colegio. En el barrio, las cosas se empezaron a poner interesantes. Unas hermanas, ambas rubias, se mudaron a la cuadra. Sus primas, que vivían cerca, también tenían amigas. De un día para el otro había mujeres de sobra en la banda, quién necesitaba a Andrea. Una de las hermanas, la más grande, empezó a salir conmigo. Al tiempo me confesó que lo hacía porque quería darle celos a otro de los chicos, que era de quien estaba enamorada. En ese tiempo, las heridas de amor se curaban aun más rápido que un raspón, y vivíamos siempre lastimados y enamorados, curándonos y volviéndonos a enamorar. Lo importante era jugar, a nadie le importaba terminar con un golpe o una herida.
Todo era intenso y liviano, o al menos eso era lo que yo pensaba. Una noche, cuando iba de la mano con una de las chicas, siento que algo me golpea la cabeza, la nariz, los ojos, al tiempo que escucho: “¡Viva los novios!”. Esa noche, por más que se tratase de pétalos, las cosas dejaron de parecerme livianas.

17 comentarios:

MariaCe dijo...

Qué relato tan tierno, me encantó :)

Anónimo dijo...

Transmite el encanto de ese tiempo en que todo en la vida es un juego intenso y -sobre todo- liviano.

escuchando palabras dijo...

Uhh!!!me encanto, esto de recordar un amorcito pre/adolesc y los nervios del momento, realmente me movilizo, jeje besitos Nico

Nicolás Aimetti dijo...

MariaCe: Sí, a mi me pone un poco nervioso que sea tan tierno... pero bueno, no se puede ser un duro siempre. Gracias por comentar!!!

Anónim@: ese tiempo creo que es lo más importante de todo esto. Gracias por tus palabras!

Pato: Que bueno que te haya gustado. Uno siempre termina recordando esos amores (o imaginándoselos). Gracias por comentar.

Bueno, por lo visto ningún hombre se va animar a comentar. El próximo escribo algo porno :P

Charlie Welti dijo...

Está bueno.
No comparto lo de la liviandad, para mí nunca existió tal cosa. Aunque el tiempo hace que uno se vuelva indulgente y que casi todo se vuelva relativamente rescatable, por algo se ha redimido a Vilma Palma.
Abrazo

Nicolás Aimetti dijo...

Claro, en el momento nada parece liviano, todo pesa el doble. Después resulta que algunas de esas cosas no era para tanto, otras, en cambio, no.
Abrazo, Charlie! Y Gracias por comentar!

MARIAN dijo...

¡qué dulce! un saludo

Nicolás Aimetti dijo...

Saludos a vos también, Marian! Y gracias por comentar!

Alvaro Marrocco dijo...

Recuerdo a una noviecita que vivia en el edificio de enfrente de mi casa. era una morenita infernal. (la paz y sarmiento) flavia se llamaba. yo era un paquete, ella tomaba la iniciativa siempre, y una vez, viendo mi lento accionar, me tiro a mi balcón un osito de peluche con una notita que decia: Alvaro: Me gustas mucho ¡¡¡ De ahi en mas, las noches de verano empece a pasarlas a los besos en el hall de su edificio.

Saludos vecino

Nicolás Aimetti dijo...

Creo que si no fuera por esas chicas que toman la iniciativa, aun sería virgen. Con el tiempo me fui volviendo más corajudo, pero siempre les voy a estar agradecido.
En nuestro tiempo, los halls de los edificios fueron (quizás aun sean), lo que los zaguanes para los de antaño.
Un abrazo, Alvaro! Y Gracias por comentar!

Alejandra dijo...

pasé como para 'chusmear' a ver de que va este blog, y me gustó mucho como hilvana las palabras y las ideas, no se sabe adonde llegará y a una le incentiva, curiosa como es, a leer a ver hasta adonde...
lo felicito, saludos!

Nicolás Aimetti dijo...

Siéntase como en su casa y chusmee todo lo que quiera, vecina.
Gracias por el comentario y las felicitaciones, Alejandra!

Sofía dijo...

Uy no! esto me hace llorar, y es muy temprano para eso!!
Prefiero una porno! jaja

Saludos!

Monica dijo...

me encantan las historias así, yo justo estoy leyendo uno parecido, ahora justo tuve que cortar un poco mi relato porque estoy organizando una reunión en un salon de convenciones y estoy re ocupada.

Nicolás Aimetti dijo...

Sí, ya sé que es medio malo, Sofía, pero tampoco para que se me ponga a llorar :P
Y comparto, yo tb prefiero una porno (aunque no me importa la hora del día).
Saludos y gracias por comentar!!!


Me alegra que le guste, Monica. Y cuando esté organizando una fiesta invite, que iremos encantados.
Saludos!

Sergio dijo...

Qué cosa esto de la "masculinidad" del blog. Si me apurás, te admito que el mío hasta tiene una tendencia un poco gay.

Nicolás Aimetti dijo...

Como dice Kevin Johansen en sus concierttos: "este tema está dedicado a todas las mujeres, especialmente a esa que llevamos adentro".
Abrazo, Sergio!