25 octubre, 2011

El Beso

Había estado esperando más de un cuarto de hora, hasta que su suegro terminó el vaso de whisky y fue a servirse otro. El gran hombre se la pasaba hablando de dinero, sugiriéndole negocios, y tenía la molesta manía de colgarse de su brazo para reclamar su atención. Por suerte había quedado atrás, y antes de notar su ausencia, estaría aburriendo a algún otro con sus peroratas. Atravesó el salón –donde algunas parejas comenzaban a bailar– y se escabulló de la fiesta ajeno a las miradas.

Conocía bien la casa de su anfitrión y, aún en completa oscuridad, le fue fácil sortear el laberinto de habitaciones que mediaban entre él y su amante. Al acercarse, la oyó respirar agitada tras la última puerta que los separaba. Se acercó e silencio, tratando de sorprenderla por la espalda. Sus manos buscaron su cintura y, antes de siquiera rozar su vestido, una avalancha de golpes cayó sobre pecho.
–¡Usted otra vez! –dijo la chica sin levantar demasiado la voz–. ¡Váyase o tendrá problemas!
–Pero... mi amor... –atinó a decir mientras retrocedía.
Entonces oyó algo, un grito o un suspiro, y los golpes se calmaron.
Ahora una mano tocaba su pecho, le tiraban suavemente de la barba, se deslizaba hasta su mejilla, se apartaba un segundo y volvía en forma de una sonora cachetada.
–¿Cómo pudiste tardar tanto?
–Es que el señor....
–Alguna señorita querrás decir...
–Te juro que hice lo imposible por venir antes, pero...
–Estarías entretenido con alguna de esas...
–Pero no, vine tan pronto pude...
–Te odio, Ivan –dijo la mujer mientras se enjugaba una lágrima–. No te imaginás lo que pasé, lo que me hiciste pasar.
–Fueron apenas unos minutos, traté de venir...
–Un hombre trató de aprovecharse.
–...es que el señor... ¿Cómo? ¿Un hombre qué?
–No te hagás el inocente.
–¿Qué un hombre te hizo qué?
–Entro a la habitación mientras te esperaba y se hizo pasar por vos.
–¿Qué? ¡Te juro lo mato! ¿Quién fue?
–No pude verlo, estaba muy oscuro. Pero vos seguro sabés algo. ¿A quién le contaste que venías?
–A nadie. Cómo se te ocurre. ¿Pero qué fue lo que...?
–Sabía lo que hacía, Ivan. ¿Me podés decir como encontró la habitación?
–¿Estás bien? ¿Te tocó?
–Seguro que el señor se puso a alardear, a contarle a sus amiguitos lo que estaba por hacer, y claro, alguno aprovechó y se te adelantó... a menos que vos...
–¿Estás loca? Nadie sabe de lo nuestro, cómo se te ocurre. ¿Qué fue lo que te hizo?
–Espero que no hayas tenido nada que ver... porque el tipo entró de los más tranquilo. Vos sabés como soy, estaba impaciente. No soporto esperar más de dos minutos. Y cuando te oí entrar corrí a besarte... bah... a besarlo, en realidad.
–¿Y él?
–Él no se quedó atrás... Un depravado.
–¡Hijo de puta! –dijo mientras sentía que se salía el corazón del pecho–. Decime que no...
–Hice lo que pude...
–Pero cómo te vas a confundir. ¿Usaba mi perfume?
–En realidad no olía muy bien.
–¿Era igual de alto?
–Un poco más bajo, creo.
–Claro, ahora entiendo. Como yo tardaba te dio lo mismo cualquiera...
–Hice lo imposible por alejarlo, vos no sabés...
–Pero veo que no fue suficiente...
–Di un grito. Pero pensé que si venía alguien... ¿Cómo explicaba lo que estaba haciendo en...?
–Y entonces se aprovechó –dijo con más tristeza que vehemencia.
–No, se asustó. Se fue. Fue solo eso, un beso –dijo ella e hizo un gesto como si quisiera escupir, o sacarse algo de la boca–. Me quedó un sabor horrible, como amargo.
–¿Un beso?
–Apenas nos rozamos... pero fue horrible.
Él volvió a respirar y comenzó a acercarse, a buscar sus manos.
–Perdoná –le dijo tratando de hacer las paces–, vine lo más rápido que pude. ¿Cómo podía imaginar que alguien andaría dando vueltas por la casa?
–Creo que nunca me voy a olvidar, Ivan –dijo ella tratando de zafarse de sus brazos.
–Pero fue solo un beso –dijo él, atrayéndola a su pecho.
–¡Basta! Yo estaba sola. No entendés...
–Tampoco habrá sido para tanto –dijo él, ya con tono meloso, y le dio un besito en la mejilla.
–Un beso, solo un beso –volvió a decir–. ¿Qué mal puede hacer un beso? –, preguntó tratando de besarla nuevamente mientras ella alejaba el rostro. Él la abrazaba más fuerte, ella forcejeaba para soltarse. Él buscó directamente su boca, ella le mordió la lengua.
–¡Basta, te dije! –y luego agregó en voz baja–. No estoy de humor.
–Pero ya estamos acá. ¿No vamos a...?
–No vamos a hacer nada –completó la frase–. No entiendo cómo podés pensar en eso después de lo que pasó.
–Pero si fue sólo un beso –dijo como si hablara de un mosquito.
–Mejor volvamos a la fiesta. Se van a dar cuenta.
–Bueno –la cortó él ofendido–. Quizás fue más un beso. Por lo visto vos quedaste bastante satisfecha.
Volvió a golpearlo en la cara.
Primero salió ella. Él la siguió sin perderla de vista, guardando la distancia, hasta que entraron nuevamente al gran salón donde se celebraba la fiesta.
Habían asistido la mayoría de los directivos de la empresa, y también algunos empleados de rango. Todos bebían, reían, bailaban. Hasta los más tímidos y modestos parecían estar pasándola bien. Por un segundo, posó sus ojos en un enjuto y gris empleado de contaduría que hablaba a sus anchas con la esposa del director, casi como si fuera un gran hombre, a pesar de sus patillas de lince y sus ridículos anteojos. Volvió la vista hacía donde la había dejado. Sólo encontró a otros cuerpos ocupando su lugar; algunos parecidos, pero ninguno el de ella.
Tomó una copa y se quedó parado en un rincón, escrutando los rostros de los invitados, tratando de adivinar, de descubrir, quién había sido el hijo de puta que le había arruinado la noche.

7 comentarios:

Nicolás Aimetti dijo...

En el siguiente link se puede leer el disparador de este cuento: http://www.ciudadseva.com/textos/cuentos/rus/chejov/beso.htm
(qué dicho sea de paso, es mucho más recomendable que mi humilde texto).
Saludos, y espero que les guste.

El Gaucho Santillán dijo...

Me gusta.

Pero seguro pasò algo mas. La mujer parecìa muy lanzada,che.

Un abrazo.

Nicolás Aimetti dijo...

Me alegro que te haya gustado, Gaucho.
Siempre está pasando algo más, pero solo vemos la punta del iceberg.
Abrazo!

Coneja dijo...

no sean mal pensados che!

no paso nada mas que un beso!

pero a pesar de que ella se habia depilado y demas, de que estaba repreparada, mientras lo esperaba se dio cuenta que le vino!!

por eso la ciclotimia tambien!

y si, los hombres a veces son lentos, que se jodan por tardar!


(sisisis yo te invento el resto de la historia y que)



beso
:)

Nicolás Aimetti dijo...

Jajaja, es así, Coneja. Y hace muy bien en inventar la historía.Yo hice lo mismo con el cuento de Chejov, y ojalá cada lector vaya aportando lo suyo.
Beso!

Charlie Welti dijo...

Very good!

Nicolás Aimetti dijo...

Thanks!