08 mayo, 2012

Sunchales

Hoy, seis de mayo del dos mil doce
la luna brillará más que nunca.
Desde mi balcón
sólo se ven edificios.
Compro puchos en el camino.
A tres o cuatro cuadras
el parque se asoma al Paraná..
Una pareja improvisa un picnic
bajo la torpe luz
de demasiados faroles.
No es fácil escaparle a la ciudad.
Al norte, la parte edificada se interrumpe.
El césped está húmedo
y apenas una lámpara
felizmente insuficiente
vuelca su luz cada cincuenta metros.
Sobre la margen del río
crecen sombras como árboles.
Al verme pasar,
una pareja se levanta asustada,
y vuelve a dejarse tragar
otra vez por la noche.
Distante y perdido
encuentro el lugar perfecto
para cometer un crimen
o drogarse.
Ahí se puede oír
el correr oscuro del Paraná.
Entre las ramas
veo la luna.

2 comentarios:

Eduardo Arrieta dijo...

Cómo cuesta escaparle a la ciudad, amigo Nicolás... Buscar una luna, un río, un césped...
Me vino a la mente un Tom Sawyer o un Huckleberry Finn contemporáneo, maduro, poético y de cara a otro río.
Abrazo!

Nicolás Aimetti dijo...

Gracias, Eduardo. Abrazo!